Mucha gente ha alucinado con la noticia de que yo
(particularmente, yo, porque de otras mamis de mi edad, dependiendo de otras
circunstancias o de otros tipos de carácter, no tanto) vaya a ser mamá. No les culpo. Hasta hace no muchos
años no entraba en mis planes. Ser madre simplemente no me quitaba el sueño, no
era que quisiera ni que no quisiera, es que ni lo pensaba. Estaba tan liada
estudiando un título detrás de otro, viajando, saliendo de fiesta, y tan centrada en mí misma
que eso de la maternidad me parecía a todas luces un obstáculo más que una
posibilidad, supongo que cosas de la edad, no es que fuera nada extraño. Sin embargo nos hacemos mayores y efectivamente, cambiamos.
Cambia, todo cambia, que dice Mercedes Sosa en una preciosa canción: “así como
todo cambia, que yo cambie no es extraño”. Así cambió también mi manera de entender el trabajo y la realización personal, hasta que comprendí que quiero trabajar para vivir y no al revés, y que me apetecía ser madre joven si tenía la oportunidad, y a ser posible sin renunciar a mis planes formativos y laborales. Nunca me planteé estar forrada como condición indispensable para ninguna de estas cuestiones y en esa línea las cosas no me han ido mal.
El caso es que a la luz de mi futura maternidad me estoy
dando cuenta de detalles sobre qué opinión tenía le gente sobre mí. Debía ser algo
así como una eterna estudiante nada convencional en lo que a socialización
esperable se refiere. Conmigo no pegaba mucho el esquema “coche-boda-piso-bebé”.
Y si me paro a pensar sigue sin pegar mucho porque me faltan muchas de las
cosas que en terminos generales se consideran deseables antes de tener un bebito. Por ejemplo,
sigo estudiando y no tengo trabajo (afortunadamente nuestro bebé es cosa de dos y mi pareja sí que curra, si no habría sido demasiada la improvisación).
Lo de no tener trabajo en este país no es algo muy novedoso.
Si además tienes una licenciatura y un máster de dos años en ciencias sociales como es mi caso
(siete años en total de estudios universitarios), lo normal es que estés en
paro o en el extranjero. Yo ya estuve en el extranjero y volví por amor.
Después de dos años viviendo con mi pareja, que dejó una cómoda vida para
encontrarse conmigo en Madrid, supongo que teníamos la típica pinta de pareja
despreocupada, feliz de la vida, que sale mucho, viaja, se lo pasa en grande, y no
piensa en cosas como casarse o hipotecarse. De hecho en eso seguimos sin
pensar, pero lo del bebito siempre fue una asignatura pendiente porque mi chico
tiene y ha tenido siempre un profundo instinto paternal que nuestros dos gatos
no conseguían catalizar del todo. Y yo, para que negarlo, lo empecé a criar,
llegando a mis 27 primaveras con unas ganas locas de vivir la experiencia de la
maternidad. Con un solo sueldo, con un doctorado recién iniciado, con una casa
minúscula y viejecita (que conste que adoro), dijimos, “pues ahora”. Y ahora se
convirtió en ya, y aquí estamos, de diecisiete semanas que se cumplen hoy mismo.
Sé que tardaré algunos años en volver a trabajar, pero el momento me
seguía pareciendo bueno. Tengo tres años por delante en los que estaré dedicada
a mi hija y a mi tesis doctoral (en ese orden de prioridades), y creo que lo compatibilizaré como tantas
mujeres compatibilizan el trabajo y la maternidad, o sea: a duras penas, pero
lo haré. Sé que no tendré pasta a expuertas, que tendré que hacer cuentas y
recortar algunos gastos chorras, pero lo haré con gusto porque estoy segura de
que nada de lo importante va a faltarle a nadie de esta pequeña familia, en
especial a la chiquitina, que va a tener lo que yo creo que es más importante:
a su madre y a su padre con ella. Sin grandes excesos materiales, pero
presentes. Creo que es mucho mejor tener la oportunidad de criar a mi peque yo
misma, sin guarderías ni canguros, a pesar de hacerlo más ajustada de presupuesto,
que tener un curro mediocre que solo me permita ver a mi niña dormida.
Probablemente una buena oportunidad laboral cambiase esta perspectiva porque al
fin y al cabo, pienso trabajar algún día y me quedan muchas cosas por hacer. No me importa reconocer que ser madre no es todo lo que quiero hacer en la vida, pero mis prioridades de momento pasan
por ofrecerle mi tiempo a mi hija., no le privaría de ello por cualquier curro
cutre, lo tengo claro.
También estoy convencida de que soy una privilegiada, porque
aún sin trabajo, puedo decir que lo tengo todo. Tengo un techo (lo cual te
convierte en una persona millonaria en comparación a la mayoría de la
población mundial), un hombre bueno y trabajador a mi lado que apoya y entiende
los tiempos y el desarrollo de mi carrera y me da la oportunidad de no
renunciar a nada, y una familia maravillosa que desde la distancia nos apoya
todo lo que puede y algo más, y que después de la gran sorpresa, han sido
felices con nuestra decisión de ser padres. Además, voy a tener una oportunidad
única y difícil para muchas mujeres españolas en los tiempos que corren: voy a criar a mi
hija yo misma, sin guarderías, sin canguros, muchas veces sin abuelas (esto
último porque no será posible, aunque conste que me encantan las abuelas). Todas las
mañanas cuando se despierte estaré con ella, podré leerle su cuento de buenas noches todos los días, cuando se caiga seré yo quien la
consuele y no una cuidadora, cuando
necesite algo sabrá que me lo puede pedir a mí porque estaré justo a su lado,
cuando se ría por primera vez no me lo contará nadie porque probablemente lo
vea con mis propios ojos, al igual que cuando hable, gatee o camine. Y con su
padre, gracias a un horario laboral bastante decente, pasará parecido, porque
las tardes pueden ser también de
él. Así serán nuestros primeros años. Para mí que pinta fenomenal.
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Aunque seguro que algún día acabamos así... XD |
Lo más sorprendente es que muchas veces se me considera joven para esta aventura. He llegado a la conclusión de que ya casi no distinguimos entre la edad física (según la cual, los 27 años con los que cuento son una edad muy apropiada desde el punto de vista biológico para la maternidad) y la edad "social", según la cual, se esperan determinadas cosas de nosotros según los años que tengamos. Esto bien es cierto que no es matemético, pero es lo que lleva a muchos a pensar que antes de los treinta es pronto para tener hijos, porque "hay que vivir la vida" (como si se acabase después del parto), porque "hay que viajar" (como si no tuviésemos aún toda la vida por delante), porque "hay que estudiar (y si nos descuidamos, no haremos otra cosa en la vida que estudiar y trabajar para producir). Sin embargo pocos se sorprenden cuando una mujer tiene su primer hijo más cerca de los cuarenta que de los veinte, y se trata de una decisión que es tan respetable como cualquier otra, pero que entraña más riesgos físicos de cara la embarazo.
Creo que tengo lo más importante para ser madre: las ganas, la estabilidad, la salud, la compañía perfecta y la felicidad. Llegados a este punto, el hecho de tener que tirar más
justos de pasta me parece una mera anécdota, como me lo parecen mi 27 años. Mis padres hicieron mil cuentas para
sacar a su familia adelante y para tener lo que tienen ahora, mis abuelos ni te
cuento, directamente pasaron penurias y calamidades y lo superaron todo. Y yo,
que he vivido tiempos privilegiados de abundancia material absoluta, no me creo
con derecho a quejarme por el hecho de tener que luchar por lo que quiero ahora
que se han terminado las “vacas gordas” para tanta gente. Todas las
generaciones han pasado sus dificultades, y estas son las nuestras, sin más.
Hay que ir a por ellas y superarlas sin dejar de vivir la vida. Mucha gente que
conozco querría ser madre o padre y no dan el paso porque aún no tienen el
trabajo de sus sueños o porque no tienen un piso en propiedad. Si esperamos a
tenerlo todo, nunca daremos los pasos más importantes, los que nos harán realmente felices. Y con esto no quiero
decir que no haga falta cierta estabilidad para criar un hijo, que desde luego,
pero no podemos esperar a que todo sea perfecto. Esta ha sido nuestra
filosofía, no sé si será la más acertada pero desde luego nos ha llevado a
tomar la decisión que más felicidad nos ha dado hasta el momento.
No se puede tener todo en la vida, pero sí se puede luchar por todos los sueños que se tengan ;)
Mami Babú