Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de marzo de 2015

Dinero-tiempo y edad: la ecuación imposible para buscar un bebé


Mucha gente ha alucinado con la noticia de que yo (particularmente, yo, porque de otras mamis de mi edad, dependiendo de otras circunstancias o de otros tipos de carácter, no tanto) vaya a ser mamá. No les culpo. Hasta hace no muchos años no entraba en mis planes. Ser madre simplemente no me quitaba el sueño, no era que quisiera ni que no quisiera, es que ni lo pensaba. Estaba tan liada estudiando un título detrás de otro, viajando, saliendo de fiesta, y tan centrada en mí misma que eso de la maternidad me parecía a todas luces un obstáculo más que una posibilidad, supongo que cosas de la edad, no es que fuera nada extraño. Sin embargo nos hacemos mayores y efectivamente, cambiamos. Cambia, todo cambia, que dice Mercedes Sosa en una preciosa canción: “así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”. Así cambió también mi manera de entender el trabajo y la realización personal, hasta que comprendí que quiero trabajar para vivir y no al revés, y que me apetecía ser madre joven si tenía la oportunidad, y a ser posible sin renunciar a mis planes formativos y laborales. Nunca me planteé estar forrada como condición indispensable para ninguna de estas cuestiones y en esa línea las cosas no me han ido mal.

El caso es que a la luz de mi futura maternidad me estoy dando cuenta de detalles sobre qué opinión tenía le gente sobre mí. Debía ser algo así como una eterna estudiante nada convencional en lo que a socialización esperable se refiere. Conmigo no pegaba mucho el esquema “coche-boda-piso-bebé”. Y si me paro a pensar sigue sin pegar mucho porque me faltan muchas de las cosas que en terminos generales se consideran deseables antes de tener un bebito. Por ejemplo, sigo estudiando y no tengo trabajo (afortunadamente nuestro bebé es cosa de dos y mi pareja sí que curra, si no habría sido demasiada la improvisación).




Lo de no tener trabajo en este país no es algo muy novedoso. Si además tienes una licenciatura y un máster de dos años en ciencias sociales como es mi caso (siete años en total de estudios universitarios), lo normal es que estés en paro o en el extranjero. Yo ya estuve en el extranjero y volví por amor. Después de dos años viviendo con mi pareja, que dejó una cómoda vida para encontrarse conmigo en Madrid, supongo que teníamos la típica pinta de pareja despreocupada, feliz de la vida, que sale mucho, viaja, se lo pasa en grande, y no piensa en cosas como casarse o hipotecarse. De hecho en eso seguimos sin pensar, pero lo del bebito siempre fue una asignatura pendiente porque mi chico tiene y ha tenido siempre un profundo instinto paternal que nuestros dos gatos no conseguían catalizar del todo. Y yo, para que negarlo, lo empecé a criar, llegando a mis 27 primaveras con unas ganas locas de vivir la experiencia de la maternidad. Con un solo sueldo, con un doctorado recién iniciado, con una casa minúscula y viejecita (que conste que adoro), dijimos, “pues ahora”. Y ahora se convirtió en ya, y aquí estamos, de diecisiete semanas que se cumplen hoy mismo. 

Sé que tardaré algunos años en volver a trabajar, pero el momento me seguía pareciendo bueno. Tengo tres años por delante en los que estaré dedicada a mi hija y a mi tesis doctoral (en ese orden de prioridades), y creo que lo compatibilizaré como tantas mujeres compatibilizan el trabajo y la maternidad, o sea: a duras penas, pero lo haré. Sé que no tendré pasta a expuertas, que tendré que hacer cuentas y recortar algunos gastos chorras, pero lo haré con gusto porque estoy segura de que nada de lo importante va a faltarle a nadie de esta pequeña familia, en especial a la chiquitina, que va a tener lo que yo creo que es más importante: a su madre y a su padre con ella. Sin grandes excesos materiales, pero presentes. Creo que es mucho mejor tener la oportunidad de criar a mi peque yo misma, sin guarderías ni canguros, a pesar de hacerlo más ajustada de presupuesto, que tener un curro mediocre que solo me permita ver a mi niña dormida. Probablemente una buena oportunidad laboral cambiase esta perspectiva porque al fin y al cabo, pienso trabajar algún día y me quedan muchas cosas por hacer. No me importa reconocer que ser madre no es todo lo que quiero hacer en la vida, pero mis prioridades de momento pasan por ofrecerle mi tiempo a mi hija., no le privaría de ello por cualquier curro cutre, lo tengo claro. 

También estoy convencida de que soy una privilegiada, porque aún sin trabajo, puedo decir que lo tengo todo. Tengo un techo (lo cual te convierte en una persona millonaria en comparación a la mayoría de la población mundial), un hombre bueno y trabajador a mi lado que apoya y entiende los tiempos y el desarrollo de mi carrera y me da la oportunidad de no renunciar a nada, y una familia maravillosa que desde la distancia nos apoya todo lo que puede y algo más, y que después de la gran sorpresa, han sido felices con nuestra decisión de ser padres. Además, voy a tener una oportunidad única y difícil para muchas mujeres españolas en los tiempos que corren: voy a criar a mi hija yo misma, sin guarderías, sin canguros, muchas veces sin abuelas (esto último porque no será posible, aunque conste que me encantan las abuelas). Todas las mañanas cuando se despierte estaré con ella, podré leerle su cuento de buenas noches todos los días, cuando se caiga seré yo quien la consuele y no una cuidadora, cuando necesite algo sabrá que me lo puede pedir a mí porque estaré justo a su lado, cuando se ría por primera vez no me lo contará nadie porque probablemente lo vea con mis propios ojos, al igual que cuando hable, gatee o camine. Y con su padre, gracias a un horario laboral bastante decente, pasará parecido, porque las tardes pueden ser también  de él.  Así serán nuestros primeros años. Para mí que pinta fenomenal.

Aunque seguro que algún día acabamos así... XD

Lo más sorprendente es que muchas veces se me considera joven para esta aventura. He llegado a la conclusión de que ya casi no distinguimos entre la edad física (según la cual, los 27 años con los que cuento son una edad muy apropiada desde el punto de vista biológico para la maternidad) y la edad "social", según la cual, se esperan determinadas cosas de nosotros según los años que tengamos. Esto bien es cierto que no es matemético, pero es lo que lleva a muchos a pensar que antes de los treinta es pronto para tener hijos, porque "hay que vivir la vida" (como si se acabase después del parto), porque "hay que viajar" (como si no tuviésemos aún toda la vida por delante), porque "hay que estudiar (y si nos descuidamos, no haremos otra cosa en la vida que estudiar y trabajar para producir). Sin embargo pocos se sorprenden cuando una mujer tiene su primer hijo más cerca de los cuarenta que de los veinte, y se trata de una decisión que es tan respetable como cualquier otra, pero que entraña más riesgos físicos de cara la embarazo.

Creo que tengo lo más importante para ser madre: las ganas, la estabilidad, la salud, la compañía perfecta y la felicidad.  Llegados a este punto, el hecho de tener que tirar más justos de pasta me parece una mera anécdota, como me lo parecen mi 27 años. Mis padres hicieron mil cuentas para sacar a su familia adelante y para tener lo que tienen ahora, mis abuelos ni te cuento, directamente pasaron penurias y calamidades y lo superaron todo. Y yo, que he vivido tiempos privilegiados de abundancia material absoluta, no me creo con derecho a quejarme por el hecho de tener que luchar por lo que quiero ahora que se han terminado las “vacas gordas” para tanta gente. Todas las generaciones han pasado sus dificultades, y estas son las nuestras, sin más. Hay que ir a por ellas y superarlas sin dejar de vivir la vida. Mucha gente que conozco querría ser madre o padre y no dan el paso porque aún no tienen el trabajo de sus sueños o porque no tienen un piso en propiedad. Si esperamos a tenerlo todo, nunca daremos los pasos más importantes, los que nos harán realmente felices. Y con esto no quiero decir que no haga falta cierta estabilidad para criar un hijo, que desde luego, pero no podemos esperar a que todo sea perfecto. Esta ha sido nuestra filosofía, no sé si será la más acertada pero desde luego nos ha llevado a tomar la decisión que más felicidad nos ha dado hasta el momento.


No se puede tener todo en la vida, pero sí se puede luchar por todos los sueños que se tengan ;)

Mami Babú

viernes, 13 de marzo de 2015

El primer grito: la realidad del parto alrededor del mundo


Este documental no va a dejar indiferente a nadie, pero en especial a ninguna mujer madre o embarazada. Independientemente de cual sea tu idea de un “nacimiento ideal”, en más de una de las historias relatadas en esta película te quedas con los ojos como platos, si eres muy sensible, alguna lagrima está asegurada, y desde luego es un documental muy apropiado para este ejercicio tan sano que es abrir la mente y ver más allá de nuestro ombligo (occidental). 

El Primer Grito expone diversas formas de traer una nueva vida al mundo: algunas impuestas, otras escogidas, algunas reflejo de la desigualdad de género y de una sociedad llena de carencias, otras parecen perfectas pero no tienen por qué serlo.  Podremos asistir a partos de todo tipo


Parto en París: medicalización en el “primer mundo”

El parto de una mujer en París es, probablemente, el que de todos los que aparecen en la película, más se ajustaba a mi idea de lo que es “normal” en un parto en un país occidental. Hospital, medicalización, médicos orquestando la función, etcétera. Es una estampa a la que las mujeres de los países desarrollados estamos más o menos habituadas, aunque también es verdad que cada vez surgen más voces discordantes con este modo de gestionar un proceso fisiológico como es el parto, que al final parece más una enfermedad que un estadio para el que el cuerpo de cualquier mujer sana está preparado. 


Parto en casa

Otra chica occidental decide tener a su bebé en casa. Esta historia la podríamos asociar (tirando de tópico) con los típicos hippies naturistas, pero nada más lejos. En muchos países europeos como por ejemplo Holanda,  esta práctica en embarazos de bajo riesgo está muy generalizada. Claro que se suele recurrir a una partera y no es todo tan “en comunidad” como aparece en la historia del documental. A mí personalmente, la forma de plantear el parto en casa en este documental me ha dejado con sentimientos encontrados: me gusta la idea de estar en tu ambiente, lejos de instrumentos quirúrgicos y batas blancas, que yo como tanta gente, asocio a la enfermedad. Sin embargo las complicaciones ocurren y bueno, quizás un término medio entre la medicalización extrema de la madre entubada hasta las cejas, y la apuesta alta de una madre sin ayuda especialista de ningún tipo, sería una buena opción. 


Japón: ¿casas o clínicas?

La mujer que tiene a su bebé en Japón lo hace en lo que parece ser una casa, pero es una clínica, o una maternidad. Nada de aspecto de hospital, y un parto totalmente respetado y en compañía de su marido y su hija mayor. Este caso me ha gustado, es diferente a lo que sueles pensar de un parto y así abres los ojos a otras realidades para las madres en las diferentes partes del mundo. Entiendo que en esa casa tenían asistencia especializada, y eso me parece importante. No es que crea que necesito cerca un cirujano (si mi embarazo y mi parto no presentan complicaciones), pero desde luego una matrona o su homólogo internacional, que no me falten. Por algo dirá la OMS que es el personal sanitario más adecuado para asistir un parto. ¿Qué pasa si falla algo en estas casas-clínica? Esa es la duda que me queda.


Cesárea en Siberia

Personalmente, creo que la cesárea es de las peores cosas que te pueden pasar a la hora de tener un hijo. Con esto no digo que no sea buena, que ha salvado vidas y que es un recurso. Pero me parece que debe ser siempre la última opción. Es una cirugía abdominal mayor, y hay hospitales y clínicas que las hacen como si de sacar una muela se tratase. No lo entiendo. La mujer cuyo parto termina en cesárea en este documental, me parte el corazón. Me da que pensar también sobre las famosas que se someten a “cesáreas programadas”, y que son tan guays que eligen el día que nace su hijo y salen del quirófano sin rastro de barriga. Qué pena me dan. Para mí son el vivo reflejo de lo loco que está el mundo “moderno”, en el que hemos dejado que el dinero termine con todo. En fin, en ese caso allá ellas, y ante todo respeto ante la forma de vivir el nacimiento de un hijo que cada una elija, no es que crea que son peores madres por ello. Pero a la chica de Siberia no parecía hacerle demasiada gracia. Afortunadamente estas intervenciones suelen acabar bien, lo que yo me pregunto es cuántas de las que se realizan estarán plenamente justificadas. 


La desgracia de tener una niña

En la India, tener una hija es el peor resultado posible de un embarazo. En El primer Grito nos acercan a un parto en este exótico país, de una familia sin medios, y que encima termina en niña. La cara inicial de decepción de la madre es un poema, ya que una hija supone que, si quieres casarla y hacer cierto ”negocio” con ella, tienes que procurarle una dote muy cara para una familia en sus paupérrimas circunstancias. Una barbaridad a todas luces, pero que sigue pasando a día de hoy. Una historia que quizás nos pueda recordar por un momento que, pese a todo, las nacidas en este lado del mundo somos mujeres bastante afortunadas, aunque en todos los países y en todos los ámbitos todavía hay muchas cosas que mejorar, siempre hay un lado que se lleva la parte más dura de la desigualdad de género. 


Sobre la arena

Otra de las historias que nos relata El Primer Grito es la de una mujer tuareg. Otro caso de desigualdad flagrante envuelto de pobreza. La peor de las historias. Las mujeres tuareg tienen que irse a parir al desierto, puesto que las tiendas de los campamentos están reservadas para los hombres. Escandaloso desde el punto de vista cultural, una realidad que me era totalmente desconocida y se me ha clavado. Mientras las mamás modernas y occidentales debatimos sobre si queremos o no epidural, otras mujeres no tienen siquiera una toalla limpia con que envolver a su recién nacido. Da que pensar. 


El parto con delfines

No había oído hablar de esta práctica, ni por supuesto tengo la posibilidad ni de plantearme que mi parto sea así. A priori parece todo muy bucólico y muy bonito pero me surgen dudas y no me queda muy claro la ventaja de la presencia de los delfines en sí misma. Claro que el documental muestra tantas historias que es normal que algunos detalles se pierdan. Este parto se da en México, aunque no me consta que sea frecuente en ese país, puede que sea simplemente una opción más que sin ser mayoritaria o representativa de la realidad del parto en un país concreto, merecía estar reflejada en El primer grito.


También es posible que el detalle exista y me lo haya perdido, de esta última o de todas las historias que aparecen en el primer grito. Por eso os invito y os animo a verlo ya dejaros asombrar por todas las realidades mundiales que rodean al parto. Al final de todo me queda como reflexión final el que, independientemente de la circunstancia, del transcurso del proceso, o del resultado, el parto es una realidad Femenina con mayúsculas, y en momento de tal relevancia en la vida de cualquier mujer (de aquí o de allá) que el trabajo para recuperar nuestro poder y control sobre él es una necesidad imperiosa. Debemos poder decidir, contar con información, utilizar las herramientas a nuestra disposición, huir de la superstición y del dogma, e intentar caminar en la lucha por un parto y una maternidad libres, seguros y felices en cualquier lugar del mundo. 





miércoles, 18 de febrero de 2015

Aprendiendo a ser mamá blogger :)

Bueno, después de mucho tiempo pensándolo, de muchos blogs leídos de cabo a rabo, y de observar cómo ayuda esto de tener un blog para compartir impresiones, reflexiones y experiencias sobre embarazo y maternidad, me he decidido a abrir el mío propio, a ver qué tal se da la cosa.


Imagen guiainfantil.com

Estoy embarazada de 11 semanas. Terminando el primer trimestre y supongo que como todas en este punto, llena de ilusión pero también de dudas, de algún que otro miedo e inseguridad... De toda la documentación que he encontrado y encuentro por internet, nada me ha venido tan bien como los blogs de madres y embarazadas. La experiencia directa contada con cercanía y sencillez es la mejor aportación y el mejor consejo, así que me dispongo a contar mis propias experiencias con la esperanza de que a alguien le vengan bien, y de entrar a compartir con más mujeres que se encuentran en esta etapa de la vida tan asombrosa que empieza en el embarazo.

Mi particular experiencia del embarazo en el primer trimestre está siendo en general buena. No he tenido síntomas especialmente molestos, he coleccionado los más llevaderos: un sueño mortal que me hace caer narcolépsica perdida a la primera de cambio (como tengo cierta libertad de horarios, no se me ha hecho duro), unas cuantas visitas al baño más de las habituales, ciertos cambios de humor (no demasiado estrambóticos, hasta ahora), y alguna naúsea aislada y de poca intensidad. Desde luego no puedo quejarme: ni una sola vomitona, ni siquiera ardor de estómago (y eso que le doy al picante cosa fina porque me encanta), ni un mareo, ni una migraña. Nada que haya impedido desarrollar una vida normal.

Imagen yasalud.com


Eso hasta el momento. Casi terminando el trimestre voy notando ciertos cambios. Los más significativos respecto a mi propio humor y estado de ánimo, me encuentro hipersensible, me echo a llorar a la mínima (yo, que nunca he destacado por ser de lágrima fácil), todo me afecta y me agobia cinco veces más. Soy consciente de que debe ser causa del cócktail hormonal que corre por mis venas, pero en mí desde luego es llamativo. Si no hay jamón york y yo quería un sandwich mixto, se me caen las lágrimas de frustración. Si alguien me da una contestación seca o maleducada, me deprimo para unas cuantas horas, que se me quema o estropea un plato, a llorar la gota gorda. Todo muy absurdo y muy chocante con la persona serena y pragmática que solía ser yo. Pero bueno, pasará, hay que tomárselo con filosofía.

Barriga, lo que se dice barriga, aún nada. El papá dice que sí, pero yo creo que es más bien retención de líquidos e hinchazón, que no deja de ser un comienzo... Como yo ya tenía un pequeño flotador de serie, ya no se qué es barriga de embarazada y qué es mi barriguilla de tapitas y cañas XD.

Mis médicos pasan de mí, es una realidad que me está costando asumir pero es así. Mi matrona es un ser absurdo al que algún día dedicaré una entrada, pero que para introducirnos servirá decir que debe tener tanta vocación para su trabajo como mi gato para la mecánica cuántica. Mi médico de cabecera mola, es modelo hippy "todovabien" y me tranquiliza, pero según ella estoy en una edad óptima para que el embarazo vaya genial, con lo cual me manda los análisis de sangre y orina para la semana 11, todo sin prisas. Al ginecólogo no le veré el pelo hasta la semana 14, y todavía nadie en mi centro de salud ha conseguido confirmarme si me hará o no la ecografía que se supone es en la 12. Yo supongo que sí, y estoy tranquila porque (por mi cuenta) me he informado de que lo de las ecografías no es tan matemático como puede parecer a una primeriza, y que no pasa nada si se hace un poco más tarde, pero habría agradecido un poquitín más de información. No obstante mi matrona ha hecho de todo menos informarme, y se supone que ese es su trabajo. Menos mal que estudiar periodismo me va a servir para algo al final: para documentarme correctamente en esta etapa de intrigas y desinformaciones.


Viñeta de Olga Berrios

No tengo trabajo, y por primera vez en mi vida he tenido que "alegrarme" por ello. Según mi médico estoy es una ventaja no tener que batallar con jefes por las necesidades especiales de una mujer embarazada. Estoy de acuerdo, pero sigue sin parecerme una ventaja en sí no tener curro. Lo que me parecería una tremenda ventaja sería tener trabajo, y además unos buenos y sólidos derechos laborales, pero se ve que no se puede tener todo en la vida. Realmente si tengo trabajo, de sobra. Lo que no tengo es sueldo. Por lo pronto este primer embarazo y los primeros años de mi peque los voy a pasar trabajando mi tesis doctoral.

Tengo tremendas ganas de la primera ecografía para poder ver y oír a mi bichito, aunque aún me quedan algo más de un par de semanas. Por supuesto también estoy ansiosa por saber el sexo y comenzar a llamarle por su nombre, aunque he descubierto que aquello de "mientras venga bien, da igual lo que sea", no era una frase hecha ni un tópico, sino una realidad que finalmente he hecho mía. De momento y hasta saber más cositas sobre mi peque, me dedico a cuidarme y trabajo el apego con mi bebé a través de la meditación y el yoga, que ya practicaba antes de quedarme embarazada, y viene de lujo. Otro día os cuento cositas sobre esto.

A medida que escribo los temas van saliendo solos y son muchos de los que me gustaría ir hablando: conciliación embarazo-maternidad-estudios, matronas, porteo, pañales de tela y otros aspectos de la crianza que me interesan mucho (y aún no he puesto en práctica), ecografías 3D, DIY, apego, meditación y yoga en el embarazo, familia y pareja. En fin, muchísimos. Pero como tengo cuerda para rato y acabo enrrollándome, esta primera entrada la dejamos aquí, y ya vendrán muchas más.



Saludos de Mamá Babú, y bienvenid@s :)