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lunes, 6 de abril de 2015

De compras. Capítulo 1: Carrito Graco Evo



Con solo diecisiete semanas de embarazo, hace unos días no lo pudimos evitar: nos metimos en una tienda de puericultura a darlo todo, aprender mucho y comprar nada. Si por mí fuera, ya lo tendría todo (una que es cagaprisas y exageraíta), pero de momento me contienen las obras de una pequeña reforma que estamos haciendo en casa. Cuando tenga a punto las habitaciones, a ver quién me para. Miedo me doy. 

No porque yo sea una tía especialmente consumista, que más bien todo lo contrario. Es más el afán de tenerlo todo bajo control (o al menos creérmelo) el que me ha llevado a elegir ya varias de las cosas que considera más importantes para mi bebi. Aún no las he comprado, pero como soy de ideas fijas no creo que haya grandes cambios.  En esta primera visita al universo del mercado del bebé, mi objetivo principal era el carrito. Había visto dos en Babies r us que me gustaban, y el otro día fui a Decathlon y claro, estaba al lado, ¡cómo no iba a pasarme a ver mis carritos en vivo!

De allí salimos casi que más indecisos, pero después de deliberar y reflexionar, el ganador ha sido el trio Graco Evo. Teníamos claro que queríamos un carrito ligero, que ocupase lo menos posible y que fuera económico a la par que seguro. No queremos invertir demasiado en el carro ya que pensamos que vamos a portear bastante, pero por supuesto tampoco pensamos renunciar a la seguridad. 

El caso es que este carro tiene todo lo que buscaba: grupo 0 ligerito, bien acolchado y a contramarcha en el coche, silla de paseo que se puede poner mirando hacia ti o hacia afuera, y capazo plegable de un tamaño razonable y con un colchón que tiene pinta de cómodo. Otra de las cosas que nos animó a decidirnos entre éste fue la tela, más resistente y fuerte, además de que el saco para tapar el capazo o la sillita (igual esto tiene un nombre pero mi ignorancia todavía es considerable en la jerga maternal) lleva el interior de forro polar, lo cual me gusta de cara a los días fresquetes, en los que no haría falta ponerle un saco extra (quizás sí para los días fríos a muerte). La bandeja inferior tiene bastante capacidad, y el carro se manipula fácilmente para cambiar las piezas o plegarlo. El precio es inmejorable, no llega a los 400 euros y además en Babies r us te lo envían gratis a casa, ya que la compra supera los 70 euros, eso sí, verlo en directo previamente es recomendable. Además el diseño es monísimo, moderno, y está en rojo, que es mi color favorito y se adapta a peque o peca, así que venga lo que venga finalmente no habrá que romperse más la cabeza.  




Por sacarle alguna pega: tiene una barra en el eje trasero que me daba la impresión de que podría estorbar al andar, pero lo probamos y no lo hace (así que no puede contar como pega), y no tiene bolso, que esto al fin y al cabo es un extra que no todos traen. La pega del bolso es que al no traerlo me ha generado una nueva obsesión: encontrar uno que pegue con el carrito, y que nos guste al papi y a mí. Pero bueno esa obsesión surge con cada nueva cosa que tengo que escoger, supongo que es lo normal y que la locura es generalizada. Yo suponía que había mucho donde escoger en el mercado del bebito, pero francamente no sabía que tanto, tanto tanto. 

Aunque seguro que exploro otras tiendas, Babies r us me ha encantado. Tienen de todo, lo útil, lo inútil, lo sorprendente, lo absurdo y lo precioso. Puedes equipar a tu bebé sin ningún problema sin salir de esa tienda. Aunque sin duda lo que  más me llamó la atención fueron las charlas con la matrona, a las que pienso apuntarme, ya que estamos, toda información es bienvenida. Son un par de sesiones gratuitas con una matrona que contará un poco sobre cuidados del bebé, embarazo y preparación de la canastilla, y que seguro aprovecha para recomendarte productos que puedes encontrar en la tienda, obviamente, pero bueno no estás obligada a comprarlos ni a comprarlos allí. Yo iré a probar.  

http://www.toysrus.es/shop/index.jsp?categoryId=5050101   

En cualquier caso, tiendas a parte, me reirtero en mi papel de mamá low cost y minimalista (obligada por el tamaño de mi piso). Veo y observo que se pueden conseguir muchas cosas necesarias para el bebé por un precio justo y sin renunciar a la calidad, y mucho menos a la seguridad. Y confieso que hay un sinfín de artilugios que me parecen soberanas estupideces que solo están ahí para generar necesidades ilusorias y activar el consumo desaforado y absurdo. Por ahí, no paso. Pero a disfrutar eligiendo, imaginando, esperando las cositas que mi futuro bebé necesita (y sin arruinarme), tampoco renuncio. Aunque sea pronto, aunque tenga tiempo de sobra, aunque algunas cosas no llegue a comprarlas, la ilusión es libre y es uno de los ingredientes más sabrosos del embarazo  ;)


Mami Babú

lunes, 30 de marzo de 2015

Dinero-tiempo y edad: la ecuación imposible para buscar un bebé


Mucha gente ha alucinado con la noticia de que yo (particularmente, yo, porque de otras mamis de mi edad, dependiendo de otras circunstancias o de otros tipos de carácter, no tanto) vaya a ser mamá. No les culpo. Hasta hace no muchos años no entraba en mis planes. Ser madre simplemente no me quitaba el sueño, no era que quisiera ni que no quisiera, es que ni lo pensaba. Estaba tan liada estudiando un título detrás de otro, viajando, saliendo de fiesta, y tan centrada en mí misma que eso de la maternidad me parecía a todas luces un obstáculo más que una posibilidad, supongo que cosas de la edad, no es que fuera nada extraño. Sin embargo nos hacemos mayores y efectivamente, cambiamos. Cambia, todo cambia, que dice Mercedes Sosa en una preciosa canción: “así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”. Así cambió también mi manera de entender el trabajo y la realización personal, hasta que comprendí que quiero trabajar para vivir y no al revés, y que me apetecía ser madre joven si tenía la oportunidad, y a ser posible sin renunciar a mis planes formativos y laborales. Nunca me planteé estar forrada como condición indispensable para ninguna de estas cuestiones y en esa línea las cosas no me han ido mal.

El caso es que a la luz de mi futura maternidad me estoy dando cuenta de detalles sobre qué opinión tenía le gente sobre mí. Debía ser algo así como una eterna estudiante nada convencional en lo que a socialización esperable se refiere. Conmigo no pegaba mucho el esquema “coche-boda-piso-bebé”. Y si me paro a pensar sigue sin pegar mucho porque me faltan muchas de las cosas que en terminos generales se consideran deseables antes de tener un bebito. Por ejemplo, sigo estudiando y no tengo trabajo (afortunadamente nuestro bebé es cosa de dos y mi pareja sí que curra, si no habría sido demasiada la improvisación).




Lo de no tener trabajo en este país no es algo muy novedoso. Si además tienes una licenciatura y un máster de dos años en ciencias sociales como es mi caso (siete años en total de estudios universitarios), lo normal es que estés en paro o en el extranjero. Yo ya estuve en el extranjero y volví por amor. Después de dos años viviendo con mi pareja, que dejó una cómoda vida para encontrarse conmigo en Madrid, supongo que teníamos la típica pinta de pareja despreocupada, feliz de la vida, que sale mucho, viaja, se lo pasa en grande, y no piensa en cosas como casarse o hipotecarse. De hecho en eso seguimos sin pensar, pero lo del bebito siempre fue una asignatura pendiente porque mi chico tiene y ha tenido siempre un profundo instinto paternal que nuestros dos gatos no conseguían catalizar del todo. Y yo, para que negarlo, lo empecé a criar, llegando a mis 27 primaveras con unas ganas locas de vivir la experiencia de la maternidad. Con un solo sueldo, con un doctorado recién iniciado, con una casa minúscula y viejecita (que conste que adoro), dijimos, “pues ahora”. Y ahora se convirtió en ya, y aquí estamos, de diecisiete semanas que se cumplen hoy mismo. 

Sé que tardaré algunos años en volver a trabajar, pero el momento me seguía pareciendo bueno. Tengo tres años por delante en los que estaré dedicada a mi hija y a mi tesis doctoral (en ese orden de prioridades), y creo que lo compatibilizaré como tantas mujeres compatibilizan el trabajo y la maternidad, o sea: a duras penas, pero lo haré. Sé que no tendré pasta a expuertas, que tendré que hacer cuentas y recortar algunos gastos chorras, pero lo haré con gusto porque estoy segura de que nada de lo importante va a faltarle a nadie de esta pequeña familia, en especial a la chiquitina, que va a tener lo que yo creo que es más importante: a su madre y a su padre con ella. Sin grandes excesos materiales, pero presentes. Creo que es mucho mejor tener la oportunidad de criar a mi peque yo misma, sin guarderías ni canguros, a pesar de hacerlo más ajustada de presupuesto, que tener un curro mediocre que solo me permita ver a mi niña dormida. Probablemente una buena oportunidad laboral cambiase esta perspectiva porque al fin y al cabo, pienso trabajar algún día y me quedan muchas cosas por hacer. No me importa reconocer que ser madre no es todo lo que quiero hacer en la vida, pero mis prioridades de momento pasan por ofrecerle mi tiempo a mi hija., no le privaría de ello por cualquier curro cutre, lo tengo claro. 

También estoy convencida de que soy una privilegiada, porque aún sin trabajo, puedo decir que lo tengo todo. Tengo un techo (lo cual te convierte en una persona millonaria en comparación a la mayoría de la población mundial), un hombre bueno y trabajador a mi lado que apoya y entiende los tiempos y el desarrollo de mi carrera y me da la oportunidad de no renunciar a nada, y una familia maravillosa que desde la distancia nos apoya todo lo que puede y algo más, y que después de la gran sorpresa, han sido felices con nuestra decisión de ser padres. Además, voy a tener una oportunidad única y difícil para muchas mujeres españolas en los tiempos que corren: voy a criar a mi hija yo misma, sin guarderías, sin canguros, muchas veces sin abuelas (esto último porque no será posible, aunque conste que me encantan las abuelas). Todas las mañanas cuando se despierte estaré con ella, podré leerle su cuento de buenas noches todos los días, cuando se caiga seré yo quien la consuele y no una cuidadora, cuando necesite algo sabrá que me lo puede pedir a mí porque estaré justo a su lado, cuando se ría por primera vez no me lo contará nadie porque probablemente lo vea con mis propios ojos, al igual que cuando hable, gatee o camine. Y con su padre, gracias a un horario laboral bastante decente, pasará parecido, porque las tardes pueden ser también  de él.  Así serán nuestros primeros años. Para mí que pinta fenomenal.

Aunque seguro que algún día acabamos así... XD

Lo más sorprendente es que muchas veces se me considera joven para esta aventura. He llegado a la conclusión de que ya casi no distinguimos entre la edad física (según la cual, los 27 años con los que cuento son una edad muy apropiada desde el punto de vista biológico para la maternidad) y la edad "social", según la cual, se esperan determinadas cosas de nosotros según los años que tengamos. Esto bien es cierto que no es matemético, pero es lo que lleva a muchos a pensar que antes de los treinta es pronto para tener hijos, porque "hay que vivir la vida" (como si se acabase después del parto), porque "hay que viajar" (como si no tuviésemos aún toda la vida por delante), porque "hay que estudiar (y si nos descuidamos, no haremos otra cosa en la vida que estudiar y trabajar para producir). Sin embargo pocos se sorprenden cuando una mujer tiene su primer hijo más cerca de los cuarenta que de los veinte, y se trata de una decisión que es tan respetable como cualquier otra, pero que entraña más riesgos físicos de cara la embarazo.

Creo que tengo lo más importante para ser madre: las ganas, la estabilidad, la salud, la compañía perfecta y la felicidad.  Llegados a este punto, el hecho de tener que tirar más justos de pasta me parece una mera anécdota, como me lo parecen mi 27 años. Mis padres hicieron mil cuentas para sacar a su familia adelante y para tener lo que tienen ahora, mis abuelos ni te cuento, directamente pasaron penurias y calamidades y lo superaron todo. Y yo, que he vivido tiempos privilegiados de abundancia material absoluta, no me creo con derecho a quejarme por el hecho de tener que luchar por lo que quiero ahora que se han terminado las “vacas gordas” para tanta gente. Todas las generaciones han pasado sus dificultades, y estas son las nuestras, sin más. Hay que ir a por ellas y superarlas sin dejar de vivir la vida. Mucha gente que conozco querría ser madre o padre y no dan el paso porque aún no tienen el trabajo de sus sueños o porque no tienen un piso en propiedad. Si esperamos a tenerlo todo, nunca daremos los pasos más importantes, los que nos harán realmente felices. Y con esto no quiero decir que no haga falta cierta estabilidad para criar un hijo, que desde luego, pero no podemos esperar a que todo sea perfecto. Esta ha sido nuestra filosofía, no sé si será la más acertada pero desde luego nos ha llevado a tomar la decisión que más felicidad nos ha dado hasta el momento.


No se puede tener todo en la vida, pero sí se puede luchar por todos los sueños que se tengan ;)

Mami Babú

lunes, 23 de marzo de 2015

Epidural, ¿sí o no?



Aquí vamos con un dilema de los grandes: ¿me pongo o no me pongo la epidural? Máxime siendo primeriza, cuando no sabes a lo que te enfrentarás en términos de dolor en el día del parto, el dilema te asalta cada dos por tres. A mí desde luego. 

Confieso que en principio me gustaría ser capaz de pasar sin ella, pero las dudas siempre están ahí. Cada mujer es un mundo y aunque entiendo que es un método seguro y que los profesionales que se encargan están muy preparados para que todo salga perfectamente, hay una parte de mí que querría vivir ese parto más natural, más “animal” por así decirlo, esa experiencia en bruto y sin paliativos. Claro que es muy fácil decirlo ahora que no tengo ni idea de lo que es una contracción. El día del parto, ¿qué pasará?

Imagen: Babymoon

En parte me animan ejemplos cercanos que tengo: mi cuñada ha tenido recientemente a mis dos sobrinos, con poco más de un año de diferencia, y lo ha hecho en ambos casos sin epidural. En uno de los partos le pusieron oxitocina, que te agrava el dolor de las contracciones haciéndolas más fuertes, y aun así ella no solo lo consiguió, sino que lo recomienda. Su recuperación de ambos partos fue espectacularmente rápida. Un caso de éxito sin anestesia. 

Tampoco quiero ser drástica, conozco casos de éxito con epidural, por supuesto, y a grandes fans de este tipo de anestesia que aseguran que les ha ayudado a disfrutar de su parto y que te cuentan que sufrir es absurdo si puedes evitarlo. En parte comprendo sus argumentos, pero me quedan tantas dudas… Según he leído la epidural puede (o no) ralentizar el proceso de expulsivo, en algunos casos incluso detener las contracciones haciendo con ello necesaria la oxitocina. Es un riesgo que me parece digno de tener en cuenta porque una vez llegado casi al final, puede que salga más a cuenta terminar antes y terminar de una vez. A su vez, genera un parto medicalizado a tope desde el principio, y aumenta el riesgo de tener que instrumentalizar el proceso con el uso de fórceps o episiotomía. Mi parto “ideal” sería lo más lejos posible de ese tipo de material e intervenciones, y si puedo hacer algo por disminuir las posibilidades de parto medicalizado, preferiría hacerlo. 

También creo que en parte es bueno ir mentalizada de que la epidural se podrá poner o no. Veo, leo y escucho a muchas mujeres convencidas de que se la pondrán, pero no parecen tener en cuenta que no siempre se puede y que hay factores que condicionan en que finalmente tengas que parir sin ella, por ejemplo si llegas demasiado dilatada al hospital. Creo que si yo llegara tan convencida de que quiero esa analgesia y me encontrara in situ con que no puedo ponérmela, la frustración y el miedo serían contraproducentes y peores que si simplemente te haces a la idea de que no puedes predecir cómo será tu parto, y que lo mejor es no llevar demasiadas ideas preconcebidas. 

Sobre este tema me ha resultado muy interesante este artículo de Ser Padres, firmado por la matrona Sonia Moreno Merino, del Hospital Clínico de Valencia. También Bebes y más ha sintentizado muy bien ventajas y desventajas de este tipo de anestesia y su artículo es un buen punto de partida para ahondar en las consecuencias buenas y no tan buenas que nos puedan llamar la atención. 

Mi idea particular hasta el momento es firmar el consentimiento de la epidural por si acaso, pero aun así evitarla si puedo. Aparte de que no me mola un pelo lo de que me pinchen en la columna, catéteres y todas esas movidas, soy médicamente miedica y no temo reconocerlo,  y además no tolero mal el dolor (el dolor que conozco) así que creo que podría merecer la pena. Las historias de parto sin epidural que he leído y conocido coinciden en general en que merece la pena, y he leído partos más complicados con la anestesia que sin ella, claro que cada mujer y cada caso es un mundo, y estoy muy lejos de conocer todos los casos. No obstante, me quedan cinco meses para pensármelo, y mucho que leer, muchas historias que conocer, y mucho que documentarme en mi osadía casi enfermiza de empaparme de todo lo habido y por haber que rodee a la experiencia del parto. Puede que mi opinión sobre la epidural aún cambie y evolucione. Mientras tanto, cualquier opinión o consejo son bienvenidos. 


 Mami Babú

martes, 17 de marzo de 2015

Primera ecografía, cribado, y una semana de médico en médico



Todo va fenomenal en mi embarazo. Después de todo lo que me hicieron la semana pasada (que no fue más que lo normal, pero hiper-concentrado en unos pocos días) puedo decir que he quedado muy tranquila y muy feliz. Ya había comentado en algún post anterior que me han citado para el tocólogo ya casi en la semana 14 de mi embarazo. La enfermera que me recibió allí comentó que no sabía por qué a las embarazadas que ejercemos la libre elección y cambiamos de centro hospitalario para llevar nuestro embarazo en Madrid nos citan tan tarde. De hecho, al estar casi terminando mi primer trimestre, aún había cosas pendientes y entraron las prisas. 

Lo primero que me pasó es que yo acudí el lunes pasado un tanto confusa a la consulta de tocología. Yo, primeriza perdida de la vida, pensaba que me iban a hacer la eco de las 12 semanas allí mismo, también porque como ya casi estaba de 14, no creía que pudiese ser para otra cosa. Pues no, el tocólogo, queridas primerizas, te deriva a las ecografías, que en mi caso me han hecho en el hospital. El tocólogo te recibe en el centro de especialidades (así se llaman al menos en Madrid), y de ahí te deriva a ecografías que te hacen en el hospital del que dependa ese centro (en mi caso, el Doce de Octubre). Yo salí de la consulta de tocología con tanto papel nuevo, tantas instrucciones y tantas citas pendientes para ya mismo, que me sentí totalmente perdida. Para gestionar un poco todo este exceso de información siempre es una genial ayuda ir acompañada a estas citas, porque un cerebro hace lo que puede, y dos pueden un poco más, de lo que no se entera uno, quizás se haya pispado el otro... Entre mi pareja y yo reconstruimos la situación y resultó que más o menos sí que nos habíamos enterado.

Llegué a la consulta de tocología y la ginecóloga (muy agradable, por cierto), me hizo unas cuantas preguntas, revisó los informes que llevaba, análisis de sangre y de orina, y me hizo una mini-ecografía. Allí tienen un ecógrafo que nada tiene que ver con los que te encuentras en el hospital, en el centro de especialidades son mucho más “de andar por casa”, pero a mí me pareció el mejor del mundo, porque en él pude ver por primera vez a mi bichito. Se le veía muy bien, estaba sentadito y se le distinguía incluso los huesecillos que estaban formando su columna, como una línea de puntos. Fue muy emocionante, aunque breve. Mi pareja estuvo conmigo y pudimos verle los dos. Esta mini-eco es la que tendrían que haberme hecho mucho antes para confirmar el número de fetos y la correcta implantación. Como a mí me citaron tan tarde, lo mío estaba ya avanzadísimo y se le vio a la primera y estupendamente. 



Pero claro, había que hacer la ecografía seria, la “de verdad”, la ginecóloga me dijo que me llamarían rápido porque me la había solicitado como preferente. En efecto, el martes por la mañana me citaron para el jueves. Antes de ir a la primera ecografía tienes que haberte hecho un análisis de sangre que llaman cribado o triple screening, es importante que los resultados de este análisis ya estén cuando vayas a la eco, porque es cruzando los datos de las dos pruebas como te dicen el índice de riesgo de que tu bebito tenga síndrome de down. Yo fui a la ginecóloga el lunes, el martes me sacaron sangre y el jueves cuando fui a la ecografía los resultados ya estaban. Esto lo destaco como reconocimiento al sistema público de salud, que muchas veces se piensa que es lento e ineficaz, y para nada.

Total, que en el Doce de Octubre solo hacen ecografías por la mañana, mi pareja trabaja, y don dos días de margen lo de pedir un día estaba muy chungo. Llamé a mis padres por si querían darse una vuelta por Madrid pero tenían el mismo problema con los trabajos, así que finalmente enganché a mi suegra (enganchar suena mal, pero vino encantada desde Extremadura a ver a su nietín o nietina). El jueves nos fuimos las dos al Doce. Allí hay cinco ecógrafos y te van llamando por megafonía. Lo suyo es que pases antes por la secretaría, que está frente a la puerta, porque aunque estés en la lista, a las que van pasando las llaman antes. Había un buen retraso en todos los ecógrafos (hay cinco) así que hubo que echarle paciencia, es probable que te pegues allí buena parte de la mañana. Aun así, mereció mucho la pena. Cuando por fin pasas, el médico te hace una serie de preguntas (básicamente, las mismas que te viene haciendo la ginecóloga) y te tumbas en la camilla para que te hagan la tan esperada eco. El primer rato el hombre dijo “vamos a ver que todo está bien” y no me enseñó la pantalla. Supongo que porque si hay algún problema muy visible la madre no se asuste, no sé. El caso es que la que más vio a mi peque fue mi suegra. A mí me lo enseñó al final un ratito (que de nuevo me supo a poco, pero lo disfruté mucho), y puso el latido del corazón unos segundos. Me emocioné un poquito y eché mucho de menos al papá en ese momento, aunque iba en muy buena compañía, pero es un momento que siempre que se pueda debería compartirse con la pareja. 




Ya me pude ir a casa con las fotos de mi chiqui en la mano. Como estaba de 14 semanas, el médico se aventuró a decirme que tiene pinta de ir a ser una nena, pero que eso me lo confirmarían en la ecografía morfológica de la semana 20, que me han dado para el 20 de abril, así que no tendré que esperar demasiado entre ecos, ventajas de empezar tarde. Yo tan ilusionada con la posibilidad de que sea niña, pero lo que de verdad me quitó un peso de encima fue cuando el médico me dijo que las posibilidades de que mi bebé tuviera síndrome de down eran escasas. Ahí respiré. No era una posibilidad que me obsesionara, pero reconozco que cuando te lo dicen, el alivio es grande. 

El lunes siguiente (ayer) tuve otra cita con la ginecóloga en el centro de especialidades para volver a tomarme la tensión, pesarme y ver otro poquito a mi peque (en una semana le he visto tres veces). Esta vez se le vio fenomenal el corazoncito, como latía. Como estas citas con por la tarde aquí si estaba el papá, y fue una alegría poder verla otro ratito. Me corroboraron que todo iba bien, que los datos del cribado y de la eco eran positivos, y me recomendaron vitaminas con yodo porque tengo un poco alta la tiroides, así que aunque empecé con Folidoce, ahora tomo Yodocefol, que tiene ácido fólico como la primera, pero además yodo y b12. 

En definitiva, estoy feliz de la vida, porque aunque me he pasado una semana de médico a médico, todo han sido buenas noticias. Ahora ya nos referimos al bebé como niña, aunque todavía podría darse el caso de que resultara niño, pero digo yo, a todas las chicas hubo un día en que, durante el embarazo de nuestras madres, se referían a nosotras como niños por la imposibilidad de saber qué seriamos realmente. Y no nos ha pasado nada por ello. Si luego la beba “decide” cambiar de sexo y en la semana 20 me aparece un niño, pues será igual de bienvenido y de querido.



Próximamente contaré algo sobre el proceso de libre elección hospitalaria en Madrid y sobre por qué escogí el Doce de Octubre como hospital para llevar mi embarazo y parto. Creo que merece la pena porque el cambio me está saliendo fenomenal y es un hospital donde estoy encontrando lo que buscaba. Incluso puedo ir a sus clases de preparación al parto y pasar de las de la matrona de mi centro de salud, que no me hace mucha gracia por seca y pasota.  Así que por si a alguien le viene bien, lo cuento en el próximo capítulo de “primeriza perdida de la vida”. 


Besotes :)